Ahí estabamos, ella, yo y el otoño. Tomé su mano y la miré a los ojos, esos cristales a los que las ultmas noches debo mis desvelos y las mañanas mis ganas de aprender mas del misterio que encierran. En mis sueños todo parecía tan simple, tan inefable.
De mis labios, de mi garganta, de mi medula espinal salian las palabras con tal fluidez como el vino hemoglobínico viaja por cada uno de los capilares de mis manos cuando quiero abrazarla.
Me impresione de mi mismo, de la manera en la que la hacía sonreir, esa obsecion extraña que tengo por imaginar tus mejillas sonrojadas y tus ojos reflejando mi mundo. Brincabamos de una vida a otra, de una muerte a otra, viviendo tan intensamente cadasegundo que contaba a su lado.
Inefable, peligroso, peligroso es soñar e ignorara tus coloquiales parrafos y simplemente soñar...
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