Ojala estos ojos míos que observan con tal tristeza las calles y las luces de este niño otoño pudieran decirte cuanto te quiero, cuanto amo verte sonreír. Tú no lo sabes, pero las cosas que hago para conseguir esa efímera sonrisa tuya tienen un fin profundamente egoísta…
Todas las cosas, las tonterías, todos los chocolates con almendras, los mensajes antes de ir a dormir, las fotografías, todas las cosas (quizás insuficientes) las he echo en realidad porque el que sale victorioso soy yo, verte sonreír o tus ojos brillar, recibir un beso tierno en la mejilla me hacen sentirme tan pleno, ganas de vivir contigo un cuento de castillos.
Cierto, estos ojos que me muestran el mundo, el tiempo, los momentos, las luces son tan sinceros que pecan de soplones, porque aunque mis labios no lo digan como deberían, te quiero.
Ver tus ojos húmedos y tristes hizo humedecer los míos. No lo quería decir, por lo imprudente que puede llegar a ser, sí, mi mano y mi bolígrafo son el hombro en el que de alguna forma estoy llorando.
Soy tan ignorante de la vida que no reí encontrar ojos que al verlos provocaran tal desasosiego, de ser tan nervioso, de moriré por un te quiero. Y siéntelo, aun no lo digo, soy tan cobarde como (enamorado) ah…. Tengo tanto miedo.
Ojala estos ojos míos que se mueren de ver los tuyos puedan decirte mudamente
SIEMPRE ESTARÉ AQUI
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